Calcinados o vivos queremos a nuestros seres queridos: Habitantes de Tlahuelilpan

Madres, hermanas, hijas o sobrinas están a la espera de ser llevadas a la Ciudad de México para saber si su padre, hijo, hermano o tío está entre los hospitalizados que, por el grado de quemaduras, no se han podido identificar, siempre con la esperanza de que su pariente sea uno de ellos, y al que todavía no pueden encontrar.

Los pobladores de este municipio, ubicado a 124 kilómetros al norte de la Ciudad de México y 15 kilómetros de Tula, Hidalgo, sólo quieren que les entreguen vivo o calcinado a su ser querido que, en una mala tarde de euforia por la fuga de gasolina en un ducto de Petróleos Mexicanos (Pemex), fue con sus bidones a recolectar el combustible.

Mientras algunos familiares viajan a la Ciudad de México apoyados por camionetas proporcionadas por el gobierno de Hidalgo para buscar sus familiares en los hospitales capitalinos, otros participan conjuntamente con peritos de la autoridad judicial buscando ropas, anillos, dientes de oro o cualquier indicio que pudiera darles una pista sobre las víctimas del siniestro que impactó a todo el país.

Desde 1974, Petróleos Mexicanos inició la introducción de los ductos que pasan por los terrenos de los agricultores, quienes por años sabían que pasaba el hidrocarburo abajo, incluso de sus casas.

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