¿Cómo serán los bosques del futuro a causa de los incendios y el cambio climático?

En 2014 una serie de grandes incendios al noroeste de Canadá quemaron más de 7 millones de acres de bosques, convirtiéndose en uno de los incendios más graves en la historia de Canadá.

El Ártico se está calentando más rápido que cualquier otra región en la Tierra, y, como lo hace, los científicos ambientales esperan que los grandes incendios aumenten en frecuencia e intensidad.

Pero han luchado por comprender el efecto de estos incendios en los ecosistemas y, en última instancia, en los niveles de dióxido de carbono en la atmósfera. El dióxido de carbono es un gas de efecto invernadero, lo que significa que ayuda a atrapar el calor en la atmósfera más baja de la Tierra.

Más dióxido de carbono en la atmósfera significa más calor atrapado, lo que hace que las temperaturas globales aumenten.

Los autores del estudio construyeron modelos para comprender qué hizo que los incendios de 2014 fueran tan grandes y qué impacto tuvieron en el medioambiente, en tanto que un segundo estudio los investigadores utilizaron imágenes del programa Landsat de la NASA y el Servicio Geológico de los Estados Unidos (USGS) para observar no solo los cambios en el medio ambiente de Alaska, sino también determinar sus causas y los posibles efectos futuros.

Juntos, los estudios mejoran la comprensión de los científicos sobre el pasado reciente de los bosques boreales y los ayudarán a predecir el futuro de estos ecosistemas vulnerables, uno de los principales objetivos del proyecto ABoVE, impulsado por la NASA.

Para ser denominado un “mega fuego”, un incendio forestal debe quemar un área que mide más de 25,000 acres, un área un poco más pequeña que Long Island, Nueva York. En 2014 se quemaron 7 millones de acres.

Los bosques boreales se encuentran en las regiones más septentrionales del mundo y contienen principalmente piceas, pinos, abedules, álamos temblones y otros árboles de hoja perenne.

Así, los investigadores construyeron dos modelos para evaluar la emisión de carbono de los incendios. El primero, basado en las mediciones de campo, como los tipos de árboles y el drenaje del suelo en los bosques quemados y no quemados, les ayudó a descubrir qué hacía que algunas áreas fueran más vulnerables a la quema y las grandes emisiones de carbono que otras.

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El segundo modelo dedujo cuánto carbono emitieron los incendios, en función de las características de la tierra que detectaron en imágenes satelitales del espectrorradiómetro de imágenes de resolución moderada de la NASA y de instrumentos en los satélites Aqua y Terra.

Según el segundo modelo, los incendios de 2014 liberaron 94.3 teragramos de carbono en la atmósfera, unos 103 millones de toneladas.

Si las tendencias de calentamiento continúan y los incendios se vuelven aún más frecuentes, podrían convertirse en fuentes de carbono más fuertes, lo que podría amplificar el cambio climático, dijo Xante Walker, principal autor de la investigación.

En tanto otro estudio liderado por el USGS, la Universidad de Minnesota y la Universidad de Arizona descubrió que el aumento de las temperaturas en Alaska está generando cambios en cómo y dónde crecen las plantas, especialmente hacia el final de la temporada de crecimiento, e incluso causando que los lagos y estanques crezcan, entre otros cambios.

“Los cambios observados en las aguas terrestres y superficiales han afectado sustancialmente los sistemas naturales y artificiales en Alaska”, detalló Neal Pastick, del USGS y coautor en la investigación.

El uso de un conjunto de datos que abarcó tres décadas permitió a los investigadores ver cómo los ecosistemas de Alaska también responden al daño y al estrés. Después de un incendio forestal, por ejemplo, puede tomar hasta 60 años para árboles de hoja perenne como el abeto para volver a crecer y alcanzar la marudez.

En tant, árboles de hojas caducas como el álamo y el abedul, vuelven a crecer más rápidamente y aumentan la reflectividad de la superficie de la tierra en el invierno, y por tanto la cantidad de energía utilizada para evaporar el agua de la copa del árbol.

“Este trabajo es una contribución significativa ya que demuestra una forma de analizar los cambios en el ecosistema, dijo Peter Griffith, participante en las investigaciones. El siguiente paso para este proyecto, dijo Griffith, es usar el modelo y los resultados para crear un sistema, que pueda generar pronósticos realistas y ricos en datos de los futuros posibles de esta región que cambia rápidamente.

Fuente: Sky Alert

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