El sismo del 19 de Septiembre vino del mar


Xyoli Pérez, jefa del Servicio Sismológico Nacional, ya sabía que  el terremoto del  19 de septiembre había sido un sismo de mecanismo normal, que se origina cuando una placa tectónica se rompe.
Pero era necesario hacer modelos detallados de lo ocurrido. Con la información,  quería responder a dos preguntas: ¿qué tan probable es que vuelva a ocurrir? y, ¿podría pasar aún más cerca de la Ciudad de México?

En las costas del Pacífico mexicano, dos gigantes de roca se encuentran: la placa de Cocos y la Norteamérica. La interacción entre ellas ocasiona la mayoría de los sismos.
Cuando las placas chocan, la fuerza de la colisión puede ocasionar un sismo, pero la interacción no termina allí. Después del choque, la placa de Cocos se dobla 15 grados hacia el interior de la Tierra, en seguida se endereza y comienza a desplazarse en posición horizontal debajo de la placa de Norteamérica.
La placa sigue moviéndose debajo de la superficie del país por 200 kilómetros.
Cerca de Puebla y Morelos, la placa de Cocos se dobla abruptamente en un ángulo de 75 grados.
El doblez crea una tensión enorme y puede llegar el momento en que las fuerzas sobre la placa sobrepasan su capacidad de flexión y la rompan, haciendo vibrar la tierra y generando sismos como el del 19 de septiembre, ahora conocido como un sismo de flexión.
En los últimos 100 años sólo han ocurrido cinco sismos en la zona de flexión de la placa de Cocos cercana a la Ciudad de México, y todos en una sola región: al sureste de Puebla, cerca de Tehuacán. Así que Xyoli Pérez y sus colegas se preguntaron si el área podía tener características especiales que la volvieran más susceptible a estos sismos.
La respuesta a esta pregunta la encontrarían en el fondo del mar.
Diego Melgar, que trabaja como profesor de geofísica en la Universidad de Oregón, se unió con Xyoli Pérez para crear un modelo detallado del terremoto y averiguar si podría volver a ocurrir más cerca de la Ciudad de México.
Comenzaron estudiando las características de la placa de Cocos, y observando imágenes del fondo marino notaron que la rugosidad de la placa, antes de su choque e ingreso a las profundidades del país, tenía una alineación parecida a las rayas en el pavimento de una banqueta o a las vetas en una tabla. Estas rayas, formadas por surcos en el suelo oceánico, podían volverla más frágil y aumentar sus posibilidades de ruptura al llegar al punto de flexión en el centro de México.
Lo que observaron fue que estas estrías formadas por montañas y abismos podían alinearse con el abrupto doblez de la placa y aumentar las probabilidades de una fractura y de un sismo de flexión.
El mapa apunta a que sismos como el del 19S pueden volver a ocurrir y pueden suceder kilómetros más cerca de la Ciudad de México.
Analogía del desastre
Cuando una persona dobla una tabla de forma perpendicular a sus vetas, necesitará aplicar más fuerza para romperla que si la dobla en paralelo. Esto mismo sucedería en la placa de Cocos, si un largo abismo se alinea con el doblez debajo del centro de México, será más fácil que la placa se rompa.
Importancia
Lo más importante de este trabajo es que establece un mecanismo físico para explicar por qué ocurren sismos de flexión en la frontera entre Puebla y Oaxaca, y por qué no ocurren en otras partes al interior del país.
Acciones a tomar
Los sismos en el centro del país que ocurren muy cerca de las ciudades de Toluca, Puebla, Cuernavaca o la Ciudad de México, ponen en peligro a una mayor cantidad de personas.
6 sismos de flexión han ocurrido en los últimos 100 años en el país.
2 sismos de 1980 para acá tuvieron mismas características que el 19S
30 años tiene que se empezó a estudiar el fondo marino
Llamado. La zona centro del país tiene  potencial sísmico  que no debería ser  descuidada en ningún aspecto.

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