El volcán Kilauea podría sufrir una erupción explosiva (y qué significa eso para Hawái)

Las perspectivas para el volcán Kilauea empeoraron esta semana. El Observatorio de Volcanes de Hawaii (HVO por sus siglas en inglés) del Servicio Geológico de Estados Unidos advirtió que el drástico drenaje del cráter de la cumbre podría ser el preludio de una erupción explosiva.

Los acontecimientos en Kilauea que han cautivado la atención del mundo durante la última semana han consistido principalmente en lava que fluye desde fisuras en las propiedades de Leilani, y dióxido de azufre que es el principal componente del humo volcánico.


Pero esto no es todo lo que estaba pasando. Al mismo tiempo, el cráter de la cumbre de Kilauea ha sufrido una transformación salvaje. Lo que hasta hace poco era un lago desbordante de lava ha bajado de nivel en casi 300 metros (1,000 pies), y ahora parece el ojo de Sauron mirándonos furiosamente desde algún inframundo infernal.


Si ese lago continúa drenando, los científicos del HVO temen que pueda desencadenar una cascada de eventos que conducen a violentas explosiones acompañadas de la caída generalizada de rocas y ceniza desde la cumbre. Este tipo de evento sucede típicamente en los estratovolcanes como el Monte Santa Helena, no en volcanes tipo escudo como el Kilauea. Aunque los resultados explosivos puedan parecer similares, los procesos que los conducen son únicos:

“Un evento así no es la típica erupción magmática explosiva. Es muy diferente y ello se debe a que está impulsada por vapor”, explica a nuestros compañeros de Earther la vulcanóloga de la Universidad de Concord Janine Krippner.

Así es como funcionaría esta explosiva máquina de vapor. Los científicos creen que el lago de lava cuyo nivel desciende rápidamente está siendo abastecido por una cámara subterránea de magma mucho más grande a través de un conducto vertical relativamente estrecho. Si la altura de la columna de magma continúa bajando, acabará cayendo por debajo de la capa freática (el nivel del agua en el subsuelo). Cuando eso suceda, el agua que ahora está siendo repelida de forma natural por el intenso calor de la columna de lava volverá a fluir, expandiéndose rápidamente en vapor.

En la mejor de las situaciones, ese vapor simplemente se elevaría hacia el crater y escaparía, pero la columna en sí misma es inestable, como lo demuestran los desprendimientos de rocas ocurridos el miércoles desde las paredes del cráter de la cumbre. Krippner explica que si caen demasiadas rocas desde las paredes de la columna podrían sellar el tubo de lava. Ello causaría una acumulación grave de presión impulsada por el vapor, desencadenando erupciones explosivas que lanzarán proyectiles balísticos de varias toneladas al aire.



De momento, este escenario no es más que un conjunto de conjeturas, pero se basan en hechos reales sucedidos en el mismo volcán. El escenario exacto se desarrolló en Kilauea hace casi un siglo, en mayo de 1924. Como explica el USGS en su página web, un lago de lava fluyó del cráter de la cumbre, provocando terremotos y transfiriendo magma a la zona de la grieta este. Finalmente, Kilauea sufrió una serie de explosiones violentas que eructaron nubes de roca al aire durante dos semanas.

“Volveremos a tener erupciones explosivas similares”, escribe Krippner. La vulcanóloga enfatizó que una erupción explosiva en Kilauea, aunque dramática, no sería tan peligrosa en términos de lluvia de rocas como una gran erupción explosiva en un estratovolcán como el Monte Santa Helena, que puede arrojar enormes trozos de material a decenas de kilómetros de distancia y producir flujos piroclásticos mortales.

No se espera que una explosión impulsada por vapor en Kilauea arroje rocas mucho más allá de la cumbre, donde afortunadamente, no vive nadie. La principal amenaza de una erupción explosiva en Kilauea es la caída de cenizas, que puede desencadenar graves problemas respiratorios.

El USGS señala que durante las erupciones explosivas de 1924, las nubes de ceniza alcanzaron una altura de alrededor de 6.000 metros sobre la cumbre, depositando material sobre un área que va desde North Hilo más de 32 millas al norte, hasta Waiohinu a una distancia similar al suroeste.

Es importante tener en cuenta que nadie puede decir con certeza si ocurrirá una gran erupción explosiva. Por ahora, los científicos continuarán monitoreando el nivel del lago para ver si cae debajo de la capa freática, y estarán atentos a grandes desprendimientos de rocas. Los volcanes son bestias complejas e impredecibles. En cierto modo solo podemos observar y esperar. “Con erupciones de vapor, generalmente hay muy poco margen de advertencia”, añade Krippner.
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