Lecturas de sismómetros develan la ocurrencia de deslaves y sus riesgos

En 2016 ocurrieron una serie de deslaves devastadores en la zona de Montecito en California, Estados Unidos. Un sismómetro cercano registró movimiento y ahora los científicos plantean un nuevo sistema de alertamiento de deslaves.

Tras el incendio forestal más grande en la historia de California en diciembre de 2017 conocido como Thomas Fire, una poderosa tormenta arrojó importantes cantidades de lluvia en las laderas del condado de Santa Bárbara.

La lluvia trajo consigo deslaves que el 9 de enero de este año acabaron con la vida de 21 personas y destruyeron cientos de casas en el área de Montecito y San Isidro Creek.

Ahora, una nueva investigación en el Instituto de Tecnología de California (Caltech, en inglés) encontró que el deslizamiento de lodo fue detectado por un sismómetro a 1.5 kilómetros de distancia del lugar de los daños.

De forma significativa, los investigadores encontraron que el sismograma generado por el evento, revela información sobre la velocidad de los escombros, el ancho del flujo y el tamaño de rocas que portaba, así como la ubicación del evento.

Con esos resultados, los investigadores sugieren que la generación actual de sismómetros distribuídos en California podrían usarse como una advertencia temprana de un flujo de escombros entrante a los residentes de las áreas propensas a deslizamientos de tierra.

La investigación, publicada en las páginas de la revista Geophysical Research Letters muestra que las lecturas de este sismómetro podrían haber ofrecido a algunos de los residentes de Montecito entre 5 y 10 minutos de advertencia aquel 9 de enero.

De acuerdo con Víctor Tsai, profesor de geofísica y líder de la investigación, “el movimiento del suelo puede indicar muchas cosas, desde la detonación de una ojiva hasta el movimiento de un glaciar: el truco está en determinar qué significa esa señal”.

Tsai había trabajado previamente en modelos de predicción de un deslizamiento de lodo visto en un sismómetro, basado en modelos existentes de sedimentos transportados por agua.

En el caso de lo ocurrido el 9 de enero de 2018, uno de tres sismómetros registrados mostró una señal que duró casi 20 minutos, que apareció en la banda de 5 a 10 hertzios: el umbral más bajo para el oído humano.

El equipo determinó que la señal era el deslizamiento de lodo en función de su sincronización y descartó otras fuentes potenciales. Además, el registro concordó casi a la perfección con las predicciones realizadas por el modelo de Tsai.

Así, Tsai y su equipo determinaron como la señal se podía utilizar para estimar elementos clave en deslaves como tamalo, velocidad e intensidad, en relación a cómo influyen en la sacudida del suelo.

La señal mostró que el flujo de escombros donde se encuentran los cantos más redondeados de las laderas cubrió un área de 100 metros cuadrados, que las rocas rodadas en el deslave alcanzaron hasta 1.3 metros de diámetro, y que la velocidad del mismo fue de aproximadamente 2.4 metros por segundo.

Al saber qué es lo que buscan y contar con un modelo que lo representa en el sismograma, los científicos tienen la oportunidad para desarrollar un sistema de alerta temprana basado en sismómetros existentes.

“Los flujos de escombros se mueven mucho más lentamente que los terremotos, por lo que podríamos desarrollar un sistema de alerta temprana que ofrezca advertencias importantes para los residentes y así responder de forma inmediata”, destacó Tsai.

Según apunta Michael Lamb, coautor del estudio, “al medir el temblor de tierra a una distancia segura, nuestro estudio muestra que la sismología tiene un gran potencial para mejorar nuestra comprensión de cuándo, dónde y por qué ocurren los flujos de escombros”.

Los investigadores planean seguir probando y ajustando el modelo utilizando experimentos controlados que producen mediciones más precisas.

Fuente: Sky Alert

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