Una nueva supererupción del volcán Taupo seria muy catastrófico para la Tierra

Científicos de Estados Unidos han presentado nuevos datos sobre cómo se acumula el magma en la enorme caldera de Taupo, una zona volcánica de Nueva Zelanda muy activa y con un colosal potencial destructivo.

De llegar a suceder, una nueva supererupción del enorme volcán neozelandés Taupo podría expulsar cientos de veces más kilómetros cúbicos de magma ardiente sobre la superficie de la Tierra que la erupción volcánica más destructiva de la historia de los Estados Unidos, la del Monte Santa Helena en 1980, informa ScienceAlert. “Estaríamos perdidos si esto sucediera“, sugiere el portal.

La zona volcánica de Taupo, situada en la Isla Norte de Nueva Zelanda, produjo la supererupción de Oruanui, la más reciente de la historia, expulsando unos 530 kilómetros cúbicos de magma ardiente sobre la superficie de la Tierra.

Pero en el período previo a la devastadora supererupción de Oruanui, la zona volcánica de Taupo fue escenario de una serie de explosiones menores, con siete erupciones más pequeñas pero aún muy potentes en el período entre 350.000 y 240.000 años atrás.

Un estudio de los efectos posteriores de estos eventos persistentes muchos miles de años más tarde, llevado a cabo por investigadores de la Universidad de Vanderbilt y la Universidad Tecnológica de Michigan (EE.UU.), ha acercado a los científicos a comprender qué alimenta la supererupción de un supervolcán, o quizás más exactamente qué no la alimenta.

Midiendo la cantidad de cristales en las muestras que extrajeron, los vulcanólogos estudiaron las capas de piedra pómez visibles. Los resultados de sus estudios sugieren que, después de cada erupción sucesiva en la serie de erupciones de hace hasta 240.000 años —cada una de las cuales produjo de 50 a 150 kilómetros cúbicos de magma—, los nuevos depósitos de magma se acercaron a la superficie, ascendiendo peldaños en lo que los investigadores describen como una “escalera de corteza“.

Aunque el drenaje de magma de cada erupción debilita la presión dentro del sistema volcánico —lo que hace que las superposiciones sean menos probables— este efecto ascendente en la corteza podría estimular otras erupciones más pequeñas a medida que la roca fundida se aloja en cámaras más bajas y menos profundas a lo largo de siglos y milenios.

El tiempo que duran estos procesos geoquímicos entre erupciones es algo que todavía no se entiende por completo, pero la investigación está ayudando a los científicos a comprender qué condiciones son necesarias para que se produzca una supererupción.

Las supererupciones ocurren muy raras veces, pero se consideran desastres globales que están a la espera de suceder. Un tipo de cataclismo que, según estima la NASA, podría ser peor que el choque de un asteroide gigante contra nuestro planeta.

Fuente: RT